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El silencio de las editoriales

El silencio de las editoriales

Mandas el manuscrito. Has tardado dos años en escribirlo, seis meses en corregirlo y tres semanas en redactar la carta de presentación. Le has dado quince vueltas a la sinopsis. Has comprobado que el archivo se abre bien, que el nombre del editor está bien escrito, que no hay ninguna errata en el primer párrafo, porque si hay una errata en el primer párrafo ya no leen el segundo.

Y entonces empieza el silencio.

No es un no. Un no sería un alivio. Un no te permite cerrar la puerta y abrir otra. Lo que llega es nada. Semanas, meses. Miras el correo cada mañana sabiendo perfectamente que no hay nada, y aun así lo miras. Algunas editoriales avisan en su web de que si en tres meses no has recibido respuesta, consideres tu manuscrito rechazado. Al menos son honestas. Otras ni eso.

Lo más duro no es que te rechacen. Es no saber si alguien lo ha leído.

Porque ahí está la herida real. Un rechazo con una línea explicando por qué duele diez minutos y te enseña algo. El silencio duele meses y no te enseña nada. Te deja dándole vueltas a preguntas sin respuesta: ¿llegó el archivo? ¿Lo abrió alguien? ¿Se cayó en la página tres o ni siquiera pasó del asunto del correo?

Y entonces viene la parte peligrosa, que es cuando empiezas a hacer teorías. Que si no tienes contactos. Que si no eres nadie. Que si hoy solo publican a gente con seguidores. Algunas de esas teorías tienen una parte de verdad, y por eso son tan traicioneras: te dan una explicación cómoda que te ahorra mirar el manuscrito.

Porque a veces (no siempre, pero a veces) el manuscrito no está listo. Y eso también hay que decirlo.

He aprendido a sostener las dos ideas a la vez, aunque se peleen. La primera: el sistema es lento, saturado y muchas veces injusto, y hay libros buenos que se quedan fuera por razones que no tienen nada que ver con su calidad. La segunda: cuando llevas veinte negativas, conviene sentarse y releer con ojos fríos, porque a lo mejor el problema está en la página cuarenta.

Lo que no funciona es quedarse solo con una de las dos. Si solo culpas al sistema, dejas de mejorar. Si solo te culpas a ti, dejas de mandar.

Y hay algo más que me ha costado años entender: mientras esperas, escribe otra cosa. No revises el correo. No vuelvas a maquetar la carta de presentación por sexta vez. Empieza la siguiente novela. Porque si el sí llega, llegarás con algo debajo del brazo. Y si no llega, al menos habrás pasado esos meses escribiendo en lugar de esperando.

El silencio de las editoriales es el peaje. No es agradable, no es justo y no se lo deseo a nadie. Pero lo pagamos todos. Incluida, por cierto, la mujer que escribió el libro más vendido de la historia y a la que doce editoriales le dijeron que no.

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