Autopublicar, coeditar o llamar a la puerta de una editorial: lo que nadie te cuenta

Cuando terminas un libro, llega la pregunta del millón: ¿Y ahora qué? ¿Lo autopublico? ¿Lo mando a editoriales? ¿Pago por publicarlo? Hay tres caminos y todos tienen defensores que te jurarán que el suyo es el bueno. La verdad es más incómoda: no hay un camino mejor. Hay un camino mejor para ti, que depende de lo que quieras y de lo que estés dispuesto a ceder.
Te cuento los tres, sin adornos.
La publicación tradicional es la que todo el mundo sueña. Una editorial lee tu manuscrito, apuesta por él, y a partir de ahí no pones un euro. Ellos pagan la edición, la maquetación, la portada, la distribución. Te dan un anticipo, te asignan un editor, meten tu libro en las librerías. Suena perfecto. Y lo es, hasta que miras la letra pequeña. El porcentaje que cobras por cada ejemplar vendido es pequeño, en torno al diez por ciento. Los derechos de explotación de tu obra pasan a la editorial. Las decisiones importantes — el título, la portada, el precio, si se traduce o no, cuándo se publica — dejan de ser solo tuyas. Y antes de todo eso, está el filtro: puedes mandar tu manuscrito a treinta editoriales y que ninguna lo lea. El proceso es lento, cerrado y a menudo frustrante. Pero si entras, ganas algo que el dinero no compra: el respaldo de una marca, la distribución real y la sensación de que alguien con criterio ha apostado por ti.
La autopublicación es justo lo contrario. Tú mandas. Eliges la portada, el precio, el formato, la fecha. Publicas cuando quieres y como quieres. El porcentaje que cobras por cada venta es muy superior, puede llegar al setenta por ciento en plataformas como Amazon. Y conservas todos los derechos de tu obra. ¿Dónde está la trampa? En que todo lo haces tú. Tú contratas al corrector, al maquetador, al diseñador de portada. Tú coordinas a tres o cuatro profesionales y rezas para que cumplan los plazos. Tú te encargas del marketing, de la promoción, de conseguir que alguien sepa que tu libro existe. Y eso último es lo más duro: puedes tener una novela excelente que no venda ni quinientas copias porque nadie sabe que está ahí. La libertad total tiene un precio, y el precio es que todo el peso cae sobre tus hombros.
La coedición es la zona gris, y la que más cuidado requiere. Grábate esto: si en algún punto del contrato tú tienes que pagar, no es publicación tradicional, es coedición. Compartes los gastos con la editorial a cambio de que ellos pongan su sello y, en teoría, su distribución. El problema es que muchas editoriales pequeñas usan este modelo para cubrirse las espaldas: cobran al autor por adelantado y luego no hacen el trabajo de promoción y distribución que prometieron. Hay coediciones serias y honestas, pero también hay mucho buitre disfrazado de editorial de toda la vida. Si te plantean una coedición, lee el contrato hasta la última coma y pregunta exactamente qué vas a recibir a cambio de tu dinero.
Yo he pasado por varios de estos caminos. Y lo que he aprendido es que la decisión no se toma en abstracto. Se toma mirando lo que tienes delante. ¿Quieres control absoluto y no te importa hacer de editor, comercial y community manager a la vez? Autopublica. ¿Quieres el respaldo de una marca y estás dispuesto a ceder control y dinero a cambio? Busca editorial tradicional. ¿Te ofrecen una coedición? Desconfía por defecto y no firmes nada que no entiendas.
No hay gloria en un camino ni vergüenza en otro. Conozco autores autopublicados que venden más que muchos publicados por grandes sellos, y autores en editoriales prestigiosas que apenas mueven ejemplares. El sello de la portada no determina la calidad de lo que hay dentro. Eso lo determinas tú, antes, cuando escribes.
Lo único que no te puedes permitir es decidir por desconocimiento. Infórmate, pregunta, habla con otros autores. Y elige con los ojos abiertos.

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