Cuando no me salen las ideas, subo el volumen

Hay días en que te sientas a escribir y no pasa nada. El cursor parpadea y tú parpadeas con él. Miras la pantalla, la pantalla te mira a ti y ninguno de los dos tiene nada que decir. Eso es el bloqueo del escritor. Y si escribes, antes o después te va a pasar.
El bloqueo no es falta de ideas. Eso sería fácil de resolver. El bloqueo es tener las ideas ahí, en algún sitio, y no ser capaz de sacarlas. Como si hubiera un muro entre lo que quieres escribir y lo que tus dedos son capaces de teclear. Hay días en que ese muro es de bambú y basta con empujar un poco. Y hay días en que parece hormigón armado.
Las causas son muchas y cada escritor tiene las suyas. El perfeccionismo es una de las más traicioneras: no escribes porque lo que sale no es lo bastante bueno, y como no escribes nunca mejora, y como nunca mejora cada vez escribes menos. Un círculo vicioso del que cuesta salir. También está el miedo. Miedo a que lo que escribas no le guste a nadie. Miedo a que lo que escribas no te guste ni a ti. Miedo a que la historia que parecía tan buena en tu cabeza resulte mediocre en la pantalla. Y luego está el cansancio mental, que es el más aburrido de todos pero el más frecuente: simplemente tienes la cabeza en otra parte y la escritura necesita que estés centrado en ella.
Los consejos habituales los conoces. Escribe aunque sea mal. Cambia de escena. Sal a pasear. Lee algo que te inspire. Todos funcionan, a ratos, para algunas personas. Pero ninguno es mágico.
Yo tengo mi propio método. Y es bastante ridículo.
Cuando me bloqueo, pongo música. Pero no música tranquila, no jazz suave ni piano ambiental. Pongo rap. O Guns N’ Roses. O Metallica. O AC/DC a un volumen que probablemente molesta a mis vecinos. Música que no tiene nada que ver con lo que estoy escribiendo. Música que no invita a la reflexión sino todo lo contrario: que te sacude.
Y funciona. No sé explicar por qué, pero a mí me funciona. Es como si el ruido limpiara el ruido de dentro. Como si mi cabeza necesitara ese golpe de energía bruta para soltar el freno de mano y empezar a moverse. Angus Young haciendo un solo de guitarra no tiene ninguna relación con una escena de una novela negra en un pueblo gallego. Pero algo pasa. El ritmo entra, los dedos empiezan a moverse sobre el teclado y de repente las palabras salen. No siempre buenas. Pero salen. Y eso es lo único que importa cuando estás bloqueado: que salga algo. Ya lo arreglarás después.
El bloqueo del escritor no se cura. Se gestiona. Cada uno tiene que encontrar su propio truco, su propia palanca. La mía resulta que tiene distorsión de guitarra eléctrica y unos cuantos decibelios de más.
Si alguna vez te bloqueas escribiendo, prueba a ponerte alguna canción que te guste a toda caña. Lo peor que puede pasar es que no escribas nada pero al menos habrás escuchado buena música.

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