Escritor mapa, escritor brújula y el loco del puzzle

Cuando hablas con otros escritores del proceso de escribir una novela, casi siempre sale la misma pregunta: ¿tú planificas o improvisas? Es la gran división. De un lado, los escritores mapa. Del otro, los escritores brújula. Como si no hubiera más opciones.
Los de mapa lo tienen todo atado antes de escribir la primera línea. Capítulo por capítulo, escena por escena. Saben quién muere en la página doscientos cuando todavía están decidiendo el nombre del protagonista. Hacen escaletas, fichas de personajes, líneas temporales. Duermen tranquilos. Escribir, para ellos, es ejecutar un plan.
Los de brújula sabemos hacia dónde queremos ir, más o menos, pero no tenemos ni idea de cómo vamos a llegar. La trama se va construyendo mientras escribes. Los personajes van apareciendo cuando les da la gana. A veces llega uno que no estaba previsto y se queda. Otras, uno que creías importante resulta que no tiene nada que decir y desaparece sin que nadie lo eche de menos.
Yo soy brújula. Me dejo llevar por la trama y los personajes van surgiendo solos. Pero si soy honesto, no soy solo brújula. Soy algo peor.
Soy un escritor puzzle.
Me explico. Mi forma de escribir no es lineal. No empiezo por el principio y termino por el final. Lo que hago es ir generando escenas sueltas, trozos de historia que nacen porque sí. Un diálogo que se me ocurre en el autobús. Una escena en un lugar que me gusta. Un personaje que dice algo que no sé a quién se lo dice ni por qué, pero sé que tiene que estar en el libro. No sé dónde lo voy a colocar, pero estar va a estar.
Luego, cuando tengo suficientes piezas, empiezo a montarlas. Como un puzzle. Voy encajando trozos, probando combinaciones, descubriendo que la escena del puerto que escribí en marzo conecta con el diálogo que escribí en junio. Que aquel personaje que apareció de la nada en una escena suelta resulta que es clave para resolver el conflicto del tercer acto. Que el final estaba escondido dentro de una escena que yo creía secundaria.
¿Es caótico? Bastante. Pero tiene una ventaja que ni el mapa ni la brújula te dan por separado: cada pieza nace libre, sin la presión de tener que encajar en nada. Y cuando algo nace libre, suena mejor. Suena más verdadero. Luego ya vendrá el trabajo duro de montarlo todo, de buscar las costuras, de hacer que parezca que siempre estuvo pensado así. Pero la materia prima es pura.
Un escritor mapa construye una casa siguiendo un plano. Un escritor brújula empieza a caminar y ve qué casa encuentra. Yo voy recogiendo ladrillos por el camino y cuando tengo bastantes me siento a ver qué puedo construir con ellos.
No lo recomiendo para los que no sufran de ansiedad. Pero a mí me funciona.
¿Mapa, brújula o puzzle? Si escribes, cuéntame cómo lo haces. Tengo curiosidad por saber si hay más locos sueltos por ahí.


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